Señor, al comenzar un nuevo día te ofrezco mi corazón;
que reciba con humildad el amor que Tú me das.
Te ofrezco mis pensamientos; que sirvan para glorificarte y darte gracias.
Te ofrezco mis silencios; con ellos quisiera hablar contigo y escucharte.
Te ofrezco mi caminar; que el cansancio no impida encontrarme contigo.
Te ofrezco mi plegaria; que me ayude a parecerme cada vez más a Ti.
Te pido por las necesidades de la Iglesia, por nuestro Instituto,
por nuestras causas de canonización y por las vocaciones. Amén.

